Una historia de despedida  

Posted by: John Puyò in




Y llegamos al final… y cuando suelo reunirme con amigos, en un momento muy sentido, muy vívido, cuando suelo dar una charla o un taller con oyentes que participan del programa que conduzco cada madrugada, hay una historia que la elijo, y la vuelvo a elegir, y la sigo eligiendo siempre, como forma de despedirnos, y te la quiero contar, te la quiero regalar, te la quiero dejar como despedida de este encuentro, y... para siempre, para las veces que quieras escucharla en tu vida, como forma de reencontrarte conmigo, o como forma de compartir, esta historia, con los demás, por sentir lo que yo siento cada vez que la cuento..

“Y dicen… que cierta vez, en un pequeño pueblo, con casas agradables, con gente que vivía con un buen trabajo, con un buen pasar, con un buen estar, había un anciano, que vivía solo en las afueras de esa comarca, y que solía transitar las calles observando los rostros de las personas que vivían allí, y este anciano no se explicaba porque a pesar de que hubiera trabajo, y salud, y familias constituidas, los ojos de las personas no brillaban con la felicidad que proviene del corazón, cuando éste esta pleno, cierta vez, el anciano decidió entonces, recorrer casa por casa de aquel poblado e invitarlos a todos, a  un lugar en las afueras, determinado día y a determinada hora, este hombre era muy querido por las personas que vivían allí, muy respetado por todos, así que todos y cada uno de ellos asistieron a la cita, era un atardecer precioso, como si el anciano lo hubiera elegido, como si lo hubiera sentido o presentido antes de que ese momento llegara, el lugar era un verde prado, rodeado por árboles, y cuando todos fueron llegando se fueron ubicando alrededor de aquel viejo, y llegado el momento el hombre empezó a armar una, una fogata  es decir tomo ramas, y de una forma muy extraña comenzó a entrelazarlas, y una vez que la hubo armado completamente, la encendió, y cuando la fogata encendió en su plenitud, el hombre empezó a decir unas palabras, extrañas, que nadie, nadie de aquel lugar entendió, cuentan que esta era una ceremonia que se realizaba en la tierra y que no había sido reeditada de hacia cientos y cientos de años, y que dios extrañaba mucho esta situación, y que dios ansiaba que este ritual volviera a repetirse alguna vez en la tierra porque era un ritual en honor a él, y dicen entonces que dios se alegró tanto por ésta situación, por ésta fogata que el anciano encendió, y por éstas palabras que fueron dichas, que les concedió a todos los que estaban allí, el deseo que mas quisieran en sus corazones, pero no un deseo material, un deseo sobre el otro, sino un deseo que tuviera que ver con la plenitud interior, y así sucedió, y al año siguiente, el anciano volvió a convocarlos a todos, y de nuevo armó la fogata de esta manera extraña entrelazando las ramas y de nuevo una que las encendió plenamente, comenzó a decir aquellas palabras que de nuevo nadie entendió, y también de nuevo, dios, regocijado, porque esta ceremonia volvía a realizarse en la tierra, como  él lo había deseado, nuevamente les concedió lo que mas quisieran en sus corazones, para el estado de plenitud interior. Y cierta vez fue, que pasado el  tiempo, aquel anciano, falleció, y cuando llegó el día y la hora, en que año tras año, habían reeditado este ritual, las  personas de aquel pueblo se reunieron en honor a  aquel anciano, en el mismo lugar, y de la misma forma, y comenzaron a tomar unas ramas y comenzaron a entrelazarlas de la misma forma que el anciano lo hacia, y las encendieron pero cuando llegó el momento de decir las palabras, claro.. ninguno las conocía, ninguno las sabia, así que entonces pensaron, y decidieron tomarse de las manos, y alrededor de la fogata cantar todos una  canción, claro, dios vio la fogata, pero no escuchó las palabras, pero premió la intención de aquellas personas, y nuevamente les concedió el deseo que mas quisieran en sus corazones, y los años fueron pasando, y los pueblos como son los pueblos, los muchachos emigraron hacia las grandes ciudades, y esta tradición se fue perdiendo nuevamente en la tierra… y aquí estamos nosotros, nosotros si, vos y yo,  que en realidad no sabemos como se llamaba aquella fogata, ni tampoco conocemos las palabras, pero esta historia cuenta, que dios extraña tanto esa  situación, que dios siente tanto la falta de este ritual, que cuando alguna persona como yo, cuenta esta historia con tanto cariño, con tanta dedicación, y cuando otra como vos, la escucha con tanta atención, y con tanta ternura, entonces a pesar de que no armemos la fogata, a pesar de que no sepamos las palabras, igualmente dios, les concede a quien la cuenta y a quien la escucha el deseo que mas quieran en sus corazones, que así sea y gracias por estar.. “     

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